Firma el llamamiento

Más allá de las divisiones sociales, las corporaciones, las escuelas de pensamiento, nosotros, firmantes del presente llamamiento, queremos contribuir a provocar desde ahora una transformación realista y constructiva de la sociedad: la de una renta básica universal e incondicional.

¿Qué es la renta básica?

La renta básica es un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de pleno derecho o residente de la sociedad, independientemente de cuáles puedan ser las otras posibles fuentes de renta, y sin importar con quien conviva.

Desde hace tiempo, numerosas personalidades de todos los horizontes políticos, de todas las confesiones y de todas las nacionalidades están apoyando esta idea, que se conoce bajo apelaciones diversas: subsidio universal, ingreso de existencia, renta ciudadana, renta universal, ingreso social garantizado, dividendo universal, ingreso de base, etc. (cf. Wikipedia)

La renta básica no debe confundirse con las ayudas para la inserción, la renta de solidaridad activa (el RSA francés) y otros subsidios que se conceden de manera condicional. Por su parte, la renta básica es automática, incondicional e inalienable. Afecta a todo el mundo, ricos o pobres. Se otorga a cada individuo, desde el nacimiento a la muerte. Su importe es suficiente para garantizar a cada uno una existencia decente – ocurra lo que ocurra. Puede acumularse con otros ingresos (asalariados o no). No puede embargarse a las personas de recursos modestos, pero entra en la base imponible de los más acomodados.

La renta básica no remunera el empleo, sino el trabajo en sentido amplio

Ni el empleo asalariado, ni los ingresos de capital, ni las ayudas sociales clásicas pueden ya pretender garantizar el derecho a la existencia de cada persona, tal y como se define en el artículo III de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es un hecho: debido a la informatización y a la automatización de la producción, el pleno empleo ya no puede alcanzarse. En cambio, el trabajo continúa y su tarea es inmensa.

Más que nunca, es necesario que cada uno pueda trabajar, primero para cuidarse a sí mismo, para velar por parientes, hermanos y allegados; a continuación, trabajar para contribuir a los bienes comunes accesibles por todos (conocimientos, artes, cultura, programas informáticos, etc.); finalmente, trabajar para inventar y poner en práctica a todos los niveles los medios que permitan legar un planeta habitable a las generaciones futuras.

Lejos de ser una incitación a la pereza, afirmamos que la renta básica permitirá a cada uno, en la medida de sus capacidades y de sus deseos, de comprometerse, de manera serena, libre y responsable, en trabajos esenciales para el interés general que los empleos tradicionales no tienen vocación de asumir.

¿Cómo financiar la renta básica?

Se trata precisamente de comprometer para la financiación de la renta básica todos los recursos dedicados al mantenimiento de la quimera del pleno empleo. La institución de la renta básica implica para todos los países que la implanten una revisión de su sistema fiscal y social, y probablemente retomar un cierto nivel de control sobre la creación monetaria que habían cedido a los bancos. Los cálculos de los economistas que han reflexionado en profundidad sobre esta cuestión muestran que es perfectamente posible (cf. simulaciones).

No hace ninguna falta esperar algún cataclismo para afrontar esta transformación profunda. Puede hacerse de manera progresiva y sin daños, a condición de que exista una toma de conciencia lo suficientemente masiva. Es a este compromiso que nosotros, firmantes de este llamamiento, queremos llegar.

¿Qué podemos perder?

La ilusión de un empleo asalariado y debidamente remunerado para todos se ha volatilizado con la crisis. Con esta desaparición, se evaporará también para muchos el reflejo de definirse en función de su actividad profesional. No hay que ocultarlo, la institución de la renta básica llevará probablemente a preguntarse aún más acerca de nuestra identidad, de nuestro papel en la sociedad, nuestra aspiración a procrear, frente a los problemas de la demografía, y sobre la naturaleza que queremos transmitir a nuestros hijos.

La institución de la renta básica comporta profundos cuestionamientos de numerosos hábitos. Pensamos sin embargo que esta mutación de las conciencias y de los comportamientos puede efectuarse sin violencia, y en un espíritu de ayuda mutua de modo que se desarrolle una nueva cultura de la responsabilidad.

¿Qué podemos ganar?

La institución de la renta básica cuestiona el “trabajo” tal y como se entiende normalmente, es decir, como base del capital y de las relaciones sociales. Como sabemos, la reducción del “trabajo” al único “empleo” provoca automáticamente la exclusión de aquellos que se encuentran privados del mismo, el miedo del paro entre los asalariados, y el control social de los asistidos.  Esta confusión entre “trabajo” y “empleo” tiene un coste enorme para la sociedad tanto financiera como socialmente. Las patologías sociales y psíquicas que entraña ya no son sostenibles por más tiempo.

No esperamos que la renta básica solucione todos los males, pero afirmamos que es absolutamente necesario para superar la crisis de confianza actual, reduciendo el nivel intolerable de pobreza, de exclusión y de miedo.

Acción

En un momento en que los medios de comunicación anuncian de manera cotidiana la inminencia de catástrofes provocadas por el hundimiento de las economías, el calentamiento climático o las pandemias, afirmamos que existe un medio eficaz para hacer frente colectivamente y para movilizar a las fuerzas vivas: es la vía de la renta básica.

Nosotros, ciudadanos firmantes de este llamamiento, pedimos a los políticos de todo signo, a los sindicatos y a los expertos, en Europa y en todo el mundo, que tengan en cuenta esta vía en los plazos más breves y que inicien con nosotros esta gran transformación.

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Apoyar : Renta Básica Incondicional (RBI) – Explorando un camino hacia las condiciones de bienestar emancipatorias en la UE.

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